Hay señales que anuncian la llegada del verano antes que cualquier calendario. Las terrazas se llenan, los helados reaparecen en nuestras manos y las bebidas frías vuelven a convertirse en compañeras inseparables de las tardes más calurosas de Barcelona.
Y entonces sucede.
Ese primer sorbo de granizado, el primer mordisco a un polo o incluso un simple vaso de agua fría provoca una punzada breve pero intensa en uno o varios dientes.
Muchas personas lo atribuyen al frío y continúan con su rutina. Sin embargo, la sensibilidad dental no suele aparecer por casualidad. En la mayoría de los casos es la forma que tiene nuestra boca de avisarnos de que algo necesita atención.
¿Por qué la sensibilidad dental parece empeorar en verano?
La respuesta es sencilla: durante los meses más cálidos sometemos nuestros dientes a situaciones que el resto del año son mucho menos frecuentes.
Consumimos más bebidas frías, más helados, más refrescos y más alimentos ácidos. Además, solemos alterar nuestros horarios habituales, viajar más y descuidar algunas rutinas de higiene bucodental.
El resultado es que pequeños problemas que durante el invierno pasaban desapercibidos pueden hacerse mucho más evidentes en verano.
El esmalte dental: un escudo que no se regenera
Los dientes están protegidos por el esmalte, el tejido más duro del cuerpo humano.
Sin embargo, a diferencia de otras estructuras del organismo, el esmalte no puede regenerarse una vez se pierde.
Cuando este escudo protector se desgasta, las capas internas del diente quedan más expuestas a estímulos como el frío, el calor o determinados alimentos dulces y ácidos.
Por eso una bebida helada que antes resultaba agradable puede convertirse de repente en una experiencia incómoda.
Las encías también pueden ser responsables
No toda la sensibilidad procede del esmalte.
Las encías desempeñan un papel fundamental en la protección de las raíces dentales. Cuando existe una retracción gingival, parte de la raíz queda expuesta y aparecen molestias que suelen manifestarse especialmente al tomar alimentos fríos.
Esta situación puede estar relacionada con enfermedades periodontales, cepillados demasiado agresivos o simplemente con el paso del tiempo.
Por eso, cuando la sensibilidad aparece de forma persistente, es importante realizar una valoración profesional y descartar problemas de periodoncia.
El verano y los hábitos que dañan nuestros dientes
Hay otro factor que suele pasar desapercibido.
Durante las vacaciones tendemos a consumir más refrescos, bebidas isotónicas, zumos cítricos y cócteles. Aunque muchas de estas bebidas parecen inofensivas, contienen ácidos que pueden favorecer la erosión del esmalte.
La combinación de ácido y frío es especialmente problemática para los dientes sensibles.
Además, muchas personas cometen un error muy común: cepillarse inmediatamente después de consumir bebidas ácidas.
En ese momento el esmalte se encuentra temporalmente más vulnerable y el cepillado puede aumentar su desgaste. Lo recomendable es esperar aproximadamente treinta minutos antes de lavarse los dientes.
El estrés también llega de vacaciones
Existe la creencia de que durante el verano todo el mundo se relaja.
La realidad suele ser bastante diferente.
Viajes, cambios de rutina, desplazamientos, organización familiar o incluso las expectativas asociadas a las vacaciones pueden aumentar el estrés sin que seamos plenamente conscientes.
En algunos pacientes esto se traduce en episodios de bruxismo, es decir, apretar o rechinar los dientes durante la noche.
El bruxismo provoca microdesgastes que pueden aumentar la sensibilidad dental y favorecer la aparición de molestias mandibulares, dolores de cabeza o fracturas dentales.
¿Cuándo conviene acudir al dentista?
Una molestia ocasional no siempre indica un problema grave.
Sin embargo, conviene solicitar una revisión si:
- La sensibilidad aparece de forma repentina.
- El dolor aumenta con el paso de los días.
- Existe sangrado de encías.
- Hay molestias al masticar.
- El frío provoca dolor intenso o prolongado.
- Han pasado más de doce meses desde la última revisión dental.
Detectar el origen del problema a tiempo suele permitir tratamientos mucho más sencillos y conservadores.
Cómo reducir la sensibilidad dental durante el verano
Algunas medidas sencillas pueden ayudar a proteger la salud bucodental durante los meses más calurosos:
- Mantener una higiene bucodental adecuada.
- Utilizar cepillos de cerdas suaves.
- Evitar cepillados excesivamente agresivos.
- Reducir el consumo frecuente de bebidas ácidas.
- Mantener una correcta hidratación.
- Utilizar productos específicos para dientes sensibles cuando estén indicados por un profesional.
- Realizar revisiones periódicas.
Una pequeña molestia que merece atención
La sensibilidad dental suele comenzar como una simple incomodidad. Un helado que molesta. Una bebida fría que provoca un pinchazo. Un sorbo que obliga a detenerse unos segundos.
Sin embargo, detrás de esa sensación pueden esconderse problemas de esmalte, encías o desgaste dental que conviene identificar cuanto antes.
En Clínica Dental Abril ayudamos cada día a pacientes de Barcelona y del barrio de la Sagrada Familia a encontrar la causa real de sus molestias y recuperar una sonrisa sana y cómoda durante todo el año.
Porque el verano está para disfrutarlo. También con los dientes.